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nydus/A Connecticut Yankee in King Arthur’s CourtPublic
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XXXV. Un incidente lamentable

arreó hasta colocarnos en formación alrededor de la estaca y nos devolvió la vida y el valor comercial con el mismo fuego que arrebató la vida inocente de aquella pobre madre inofensiva. Esa era la clase de amo que teníamos. Tomé nota de él. Aquella tormenta de nieve le costó nueve miembros de su rebaño; y fue más cruel con nosotros que nunca, durante muchos días seguidos a partir de entonces, tan irritado estaba por su pérdida.

We had adventures all along.

One day we ran into a procession. And such a procession! All the riffraff of the kingdom seemed to be comprehended in it; and all drunk at that.

In the van was a cart with a coffin in it, and on the coffin sat a comely young girl of about eighteen suckling a baby, which she squeezed to her breast in a passion of love every little while, and every little while wiped from its face the tears which her eyes rained down upon it; and always the foolish little thing smiled up at her, happy and content, kneading her breast with its dimpled fat hand, which she patted and fondled right over her breaking heart.

Hombres y mujeres, niños y niñas, trot‐taban junto al carro o detrás de él, aullando, lanzando comentarios profanos y obscenos, cantando trozos de canciones sucias, saltando, bailando⁠—una auténtica fiesta de granujas, un espectáculo nauseabundo. Habíamos dado con un suburbio de Londres, fuera de las murallas, y esta era una muestra de cierta clase de la sociedad londinense. Nuestro amo nos consiguió un buen sitio cerca de la horca. Un sacerdote estaba presente, y ayudó a la chica a subir, y le dijo palabras de consolación, y logró que el subalguacil le proveyera un taburete. Luego se quedó allí, junto a ella, en la horca, y por un momento miró hacia abajo a la masa de rostros vueltos hacia arriba a sus pies, luego hacia el pavimento macizo de cabezas que se extendía en todas

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