y habían logrado un éxito que prometía ser mucho más grave de lo que habían calculado.
No fue una excursión aburrida para mí. Me apañé muy bien para pasar el tiempo. Hice varias amistades y, en mi calidad de extranjero, pude hacer tantas preguntas como quise.
Algo que naturalmente me interesaba, como estadista, era la cuestión de los salarios. Recogí todo lo que pude sobre ese tema durante la tarde.
Un hombre que no tiene mucha experiencia y no piensa, suele medir la prosperidad o la falta de prosperidad de una nación por el mero volumen de los salarios vigentes; si los salarios son altos, la nación es próspera; si son bajos, no lo es. Lo cual es un error.
No es la cantidad que recibes, sino cuánto puedes comprar con ella lo que importa; y eso es lo que indica si tus salarios son altos de verdad o solo de nombre.
Podía recordar cómo era en la época de nuestra gran guerra civil en el siglo diecinueve.
- En el Norte, un carpintero ganaba tres dólares al día, valor en oro; en el Sur ganaba cincuenta, pagaderos en papel moneda confederado que valía un dólar el celemín.
- En el Norte, un overol costaba tres dólares, el salario de un día; en el Sur costaba setenta y cinco, lo que equivalía al salario de dos días.
Las demás cosas guardaban proporción. En consecuencia, los salarios eran el doble de altos en el Norte que en el Sur, porque el primero de ellos tenía mucha más capacidad adquisitiva que el otro.
Sí, hice varias amistades en la aldea y una cosa que me satisfizo muchísimo fue encontrar nuestras nuevas monedas en circulación: