vuelve de nuevo a girar sobre sí mismo por espacio de medio círculo, y acaeciendo este prodigio una y otra vez y todavía otra, os pesará haber pensado por vanidades de la mente en contrariar y anular la voluntad de Aquel que no otorga a un castillo una dirección desde un lugar a menos que le plazca, y si no le plazca, querrá más bien que aun todos los castillos y todas las direcciones hacia ellos desvanezcan de la tierra, dejando los parajes donde moraban desolados y vacíos, advirtiendo así a Sus criaturas de que donde Él quiere, quiere, y donde Él no quiere, no—”
—Oh, está bien, está bien, déjalo ya; no te preocupes por la dirección, que le den a la dirección—pido perdón, pido mil perdones, hoy no me encuentro bien; no prestes atención cuando hablo solo, es una vieja costumbre, una vieja y mala costumbre, y difícil de quitarse de encima cuando uno tiene la digestión completamente desorganizada por comer alimentos que fueron criados por los siglos de los siglos antes de que él naciera; ¡santo Dios! un hombre no puede mantener sus funciones regulares con pollitos de primavera de hace mil tres cientos años.
Pero vamos—no te preocupes por eso; vamos a—¿tienes por ahí algo así como un mapa de esa región? Ahora bien, un buen mapa—
—¿Es por ventura aquella suerte de cosas que últimamente los infidentes han traído de allende los grandes mares, la cual, cocida en aceite y añadiéndole una cebolla y sal, hace—
—¿Qué, un mapa? ¿De qué estás hablando? ¿No sabes lo que es un mapa? Vaya, vaya, no importa, no me expliques nada; odio las explicaciones; nublan las cosas de tal manera que ya no se entiende nada de nada. Anda, vete, querida; buenos días; muéstrale el camino, Clarence.
Oh, pues, ahora era bastante evidente por qué estos tontos no les exigían detalles a estos embusteros.