Y fue magnífico ver a esa muchedumbre atónita caer de hinojos y suplicar por sus vidas al rey a quien acababan de denostar e insultar. Y mientras él permanecía allí apartado, recibiendo este homenaje en harapos, pensé para mí, bueno, la verdad es que hay algo singularmente grandioso en el andar y el talante de un rey, después de todo.
Me sentía inmensamente satisfecho. Considerando toda la situación en su conjunto, fue uno de los efectos más ostentosos que jamás haya provocado.
Y a todo esto, ¡aparece Clarence en persona! y me guiña un ojo, y dice, muy modernamente:
—Una gran sorpresa, ¿verdad? Sabía que te gustaría. Llevo mucho tiempo haciendo que los chicos practiquen esto, en secreto; y estaban deseando tener la oportunidad de lucirse.