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nydus/A Connecticut Yankee in King Arthur’s CourtPublic
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XXXI

“¡Oh, es un derroche! Puede que no lo sea, hermano, puede que no lo sea. Considera la enormidad de la suma—”

“¡Que le den al volumen de la suma! Procura estarte callado un momento, y mira cómo parecería; no hay quien meta baza, hablas tanto. Deberías curarte eso, Marco; no es de buena educación, ya sabes, y se te va a convertir en un vicio si no lo frenas.

Sí, entraremos aquí ahora a tasar las cosas de este hombre, y no te olvides de acordarte de no dejar ver a Jones que sabes que él tuvo algo que ver con esto. No te haces idea de lo extrañamente sensible y orgulloso que es.

Es un granjero —un granjero bastante bien situado— y yo soy su capataz; pero... ¡la imaginación de ese hombre! Vaya, a veces, cuando se olvida de sí mismo y se pone a fanfarronear, pensarías que es uno de los potentados de la tierra; y podrías escucharle cien años sin tomarlo nunca por un granjero —especialmente si habla de agricultura.

Se cree que es un granjero de mil demonios; se cree que es el no va más; pero entre tú y yo en privado, no sabe más de agricultura que de gobernar un reino; aun así, de lo que sea que hable, tienes que abrir bien la boca y escuchar, como si nunca antes en toda tu vida hubieras oído una sabiduría tan increíble y temieras morirte antes de hartarte de ella. Eso le agradará a Jones”.

A Marco le hizo gracia hasta el tuétano enterarse de un personaje tan estrambótico; pero también lo preparó para los imprevistos; y, según mi experiencia, cuando viajas con un rey que finge ser otra persona y no logra recordarlo ni la mitad de las veces, nunca se toman demasiadas precauciones.

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