camino en busca de ayuda, sin duda. Le dije al rey que les pusiera alas a los talones y que ya le explicaría más tarde. Avanzamos a buen ritmo por el terreno despejado, y al meternos raudos en el refugio del bosque, miré hacia atrás y vi a una turba de campesinos agitados aparecer en masa, con Marco y su mujer a la cabeza. Armaban muchísimo escándalo, pero eso no podía hacerle daño a nadie; el bosque era espeso, y en cuanto nos adentráramos bien en sus profundidades, subiríamos a un árbol y que silbasen. ¡Ah, pero entonces llegó otro sonido: perros! Sí, eso era harina de otro costal. Complicaba nuestra misión: teníamos que encontrar agua corriente.
Avanzamos a buen paso, y pronto dejamos los ruidos muy atrás y convertidos en un murmullo.
Topamos con un arroyo y nos metimos de un salto.
Lo vadeamos rápidamente corriente abajo, bajo la penumbra del bosque, durante al menos trescientos metros, y entonces dimos con un roble cuya gran rama sobresalía por encima del agua. Nos trepamos a esta rama y empezamos a avanzar por ella hacia el tronco del árbol; en ese momento comenzamos a oír esos ruidos con más claridad; así que la turba había dado con nuestro rastro.
- Durante un rato los sonidos se acercaron bastante deprisa.
- Y luego, durante otro rato, no lo hicieron.
Sin duda los perros habían encontrado el lugar donde habíamos entrado al arroyo, y ahora andaban de un lado para otro por las orillas tratando de retomar el rastro.
Cuando estuvimos cómodamente instalados en el árbol y cubiertos por el follaje como con cortinas, el rey quedó satisfecho, pero yo tenía mis