tan pronto como se ponía a su alcance. Los ánimos del rey se elevaron, su alegría era imensa. Dijo que si nada ocurría para arruinar las perspectivas tendríamos una noche hermosa, pues siguiendo esta táctica podíamos defender el árbol contra toda la comarca.
Sin embargo, la turba no tardó en llegar a esa misma conclusión por iniciativa propia; por lo que suspendieron el ataque y comenzaron a debatir otros planes.
No tenían armas, pero sobraban las piedras, y las piedras podían servir. Nosotros no pusimos objeciones.
- Una piedra podía llegarnos a alcanzar de vez en cuando, pero no era muy probable;
- estábamos bien protegidos por ramas y follaje, y no éramos visibles desde ningún buen punto de mira.
Si tan solo desperdiciaban media hora lanzando piedras, la oscuridad acudiría en nuestra ayuda.
Nos sentíamos muy satisfechos. Podíamos sonreír; casi reír.