—Nadie puede describirlo con palabras. La fuente lleva estos nueve días seca. Las oraciones que empezaron entonces, y las lamentaciones con cilicio y ceniza, y las santas procesiones, ninguna de estas ha cesado ni de noche ni de día; y así los monjes y las monjas y los expósitos están todos agotados, y cuelgan oraciones escritas en pergamino, ya que no queda fuerza en el hombre para alzar la voz.
Y al final te mandaron recado a ti, señor Boss, para probar con magia y encantamiento; y si no podías venir, entonces el mensajero debía traer a Merlín, y ya lleva allí estos tres días, y dice que traerá esa agua aunque reviente el globo terráqueo y arruine sus reinos para lograrlo; y muy valientemente obra su magia y llama a sus demonios para que se den prisa en venir y ayudar, mas ni un soplo de humedad ha arrancado aún, ni siquiera tanto como pudiera pasar por neblina en un espejo de cobre, si no contáis el barril de sudor que suda de sol a sol sobre las terribles fatigas de su tarea; y si tú—
El desayuno estaba listo. Tan pronto como terminó, le mostré a sir Ozana estas palabras que había escrito en el forro interior de su sombrero:
«Departamento de Química, Ampliación de laboratorio, Sección G. Pxxp. Envíense dos del primer tamaño, dos del núm. 3 y seis del núm. 4, junto con los detalles complementarios adecuados, y dos de mis ayudantes entrenados».
Y le dije:
«Ahora ve a Camelot tan rápido como puedas volar, valiente caballero, y muéstrale el escrito a Clarence, y dile que disponga estos asuntos requeridos en el Valle de la Santidad con toda la rapidez posible».
“Lo haré bien, señor jefe”, y se fue.