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nydus/A Connecticut Yankee in King Arthur’s CourtPublic
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XX. El Castillo del Ogro

colinas rotas y claros, podría interceptar a una compañía de viajeros que serían clientes inmejorables para profilácticos y colutorios. Con su celo característico, Sir Madok se había lanzado de inmediato en su busca y, tras tres horas de horribles cabalgadas a campo traviesa, había dado alcance a su presa. ¡Y he aquí que eran los cinco patriarcas que habían sido liberados de las mazmorras la tarde anterior! Pobres ancianos, hacía por lo menos veinte años que ninguno de ellos sabía lo que era estar equipado con algún colmillo o resto de diente superviviente.

“Milrayas lo parta —dijo sir Madok—, y si no le saco brillo a estufas si logro dar con él, dejádmelo a mí; porque jamás ningún caballero que se llame Ossaise o como quiera que sea puede hacerme semejante afrenta y seguir con vida, si logro dar con él, de lo cual he jurado hoy un gran juramento al respecto”.

Y con estas y otras palabras, tomó á la ligera su lanza y se fue de allí. A media tarde dimos con uno de esos mismos patriarcas en las afueras de un pobre pueblo. Estaba disfrutando del cariño de parientes y amigos a los que no había visto en cincuenta años; y a su alrededor, acariciándolo, había también descendientes de su propia sangre a los que nunca había visto hasta entonces; pero para él todos eran extraños, su memoria se había esfumado, su mente estaba estancada. Parecía increíble que un hombre pudiera sobrevivir a medio siglo encerrado en un agujero oscuro como una rata, pero ahí estaban su vieja esposa y algunos viejos camaradas para dar testimonio de ello. Podían recordarlo tal como era en la frescura y la fuerza de su juventud, cuando besó a su hijo y lo entregó a los brazos de su madre para marcharse a aquel largo olvido. La gente del castillo no sabía precisar con medio siglo de margen el tiempo que el hombre había estado encerrado allí por su delito no

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