acerca de cañones de sitio, cañones de campaña, ametralladoras Gatling, cañones rayados, ánimas lisas, práctica de mosquete, práctica de revólver—y ni una sola palabra de todo aquello podían entender estos peces gato ni por asomo, ya se comprende— y era un primor verle trazar con tiza en la pizarra unas pesadillas matemáticas que dejarían perplejos a los mismos ángeles, y hacerlo como si nada, además—todo sobre eclipses, y cometas, y solsticios, y constelaciones, y tiempo medio, y tiempo sidéreo, y hora de comer, y hora de acostarse, y cualquier otra cosa imaginable sobre las nubes o bajo ellas con la que pudieras hostigar o atosigar a un enemigo y hacerle desear no haber venido— y cuando el muchacho hizo su saludo militar y se hizo a un lado por fin, yo estaba lo bastante orgulloso como para abrazarlo, y toda esa otra gente estaba tan atónita que parecía en parte petrificada, en parte borracha, y por completo pillada in fraganti y sepultada bajo la nieve.
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XXV. Un examen competitivo
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