Tambien digo que no la podia saltar ni sobre la lanza ni de otra manera; porque despues desde cerca de un año que volvimos á poner cerco á Méjico y la ganamos, me hallé muchas veces en aquella puente peleando con escuadrones mejicanos, y tenian allí hechos reamparos y albarradas, que se llama ahora la puente del salto de Albarado; y platicábamos muchos soldados sobre ello, y no hallábamos razon ni soltura de un hombre que tal saltase.
Dejemos este salto, y digamos que, como vieron nuestros capitanes que no acudian más soldados, y el Pedro de Albarado dijo que todo quedaba lleno de guerreros, y que ya que algunos quedasen rezagados, que en los puentes los matarian, volvamos á decir desto del salto de Albarado: digo que para qué porfian algunas personas que no lo saben ni lo vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado la noche que salimos huyendo, aquella puente y abertura del agua; otra vez digo que no la pudo saltar en ninguna manera; y para que claro se vea, hoy dia está la puente; y la manera del altor del agua que solia venir y que tan alta estaba la puente, y el agua muy honda, que no podia llegar al suelo con la lanza.
Y porque los lectores sepan que en Méjico hubo un soldado que se decia Fulano de Ocampo, que fué de los que vinieron con Garay, hombre muy plático, y se preciaba de hacer libelos infamatorios y otras cosas á manera de masepasquines; y puso en ciertos libelos á muchos de nuestros capitanes cosas feas que no son de decir no siendo verdad; y entre ellos, demás de otras cosas que dijo de Pedro de Albarado, que habia dejado morir á su compañero Juan Velazquez de Leon con más de ducientos soldados y los de á caballo que les dejamos en la retaguarda, y se escapó él, y por escaparse dió aquel gran salto, como suele decir el refran: «Saltó, y escapó la vida.»
Volvamos á nuestra materia: é porque los que estábamos ya en salvo en lo de Tacuba no nos acabásemos del todo de perder, é porque habian venido muchos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco y Teneyuca y de