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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXVIII.

CÓMO ACORDAMOS DE NOS IR HUYENDO DE MÉJICO, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.

Como vimos que cada dia iban menguando nuestras fuerzas, y las de los mejicanos crecian, y veiamos muchos de los nuestros muertos, y todos los más heridos, é que aunque peleábamos muy como varones, no los podiamos hacer retirar ni que se apartasen los muchos escuadrones que de dia y de noche nos daban guerra, y la pólvora apocada, y la comida y agua por el consiguiente, y el gran Montezuma muerto, las paces que les enviamos á demandar no las quisieron aceptar; en fin, veiamos nuestras muertes á los ojos, y las puentes que estaban alzadas; y fué acordado por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estuviesen más descuidados; y para más les descuidar, aquella tarde les enviamos á decir con un papa de los que estaban presos, que era muy principal entre ellos, y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí á ocho dias, y que les dariamos todo el oro; y esto por descuidarlos y salirnos aquella noche.

Y demás desto, estaba con nosotros un soldado que se decia Botello, al parecer muy hombre de bien y latino, y habia estado en Roma, y decian que era nigromántico, otros decian que tenia familiar, algunos le llamaban astrólogo; y este Botello habia dicho cuatro dias habia que hallaba por sus suertes y astrologías que si aquella noche que venia no saliamos de Méjico, y si más aguardábamos, que ningun soldado podria salir con la vida; y aun habia dicho otras veces que Cortés habia de tener muchos trabajos y habia de ser desposeido de su ser y honra, y que despues habia de volver á ser gran señor y de mucha renta; y decia otras muchas cosas deste arte.

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