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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXII.

—«¿Qué es de Narvaez? ¿Qué es de Narvaez?»

É dijo Sandoval:

—«Aquí está, aquí está, é á muy buen recaudo.»

Y tornó Cortés á decir muy sin huelgo:

—«Mirá, hijo Sandoval, que no os quiteis dél vos y vuestros compañeros, no se os suelte miéntras yo voy á entender en otras cosas; é mirad estos capitanes que con él teneis presos que en todo haya recaudo.»

Y luego se fué, y mandó dar otros pregones que, so pena de muerte, que todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan á someter debajo de la bandera de su majestad, y en su Real nombre de Hernando Cortés, su capitan general y justicia mayor, é que ninguno trajese ningunas armas, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros alguaciles; y todo esto era de noche, que no amanecia, y aun llovia de rato en rato, y entónces salia la luna, que cuando allí llegamos hacia muy escuro y llovia, y tambien la escuridad ayudó; que, como hacia tan escuro, habia muchos cucuyos (así los llaman en Cuba), que relumbraban de noche, é los de Narvaez creyeron que eran mechas de las escopetas.

Dejemos esto, y pasemos adelante: que, como el Narvaez estaba muy mal herido y quebrado el ojo, demandó licencia á Sandoval para que un cirujano que traia en su armada, que se decia maestre Juan, le curase el ojo á él y otros capitanes que estaban heridos, y se la dió, y estándole curando llegó allí cerca Cortés disimulando, que no lo conociesen, á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí Cortés, y como se lo dijeron, dijo el Narvaez:

—«Señor capitan Cortés, tené en mucho esta vitoria que de mí habeis habido y en tener presa mi persona.»

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