Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él venian se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una refriega de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que ya habia puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque no supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados; y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás estaban buenos.
Dejemos de hablar ahora en esto, y volvamos al Gonzalo de Sandoval, y á sus capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles de su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés, cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos, esforzó su gente y capitanes, y les