y decia al Narvaez, reprendiéndole, que para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la una dellas; y decia otras liviandades.
Por manera que no quiso responder á la carta ni nos tenia en una castañeta.
Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su Real, y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran servidor del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas ciudades que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que le será servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por paz y sin ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire el señor Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la gente que trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; pues hay tierras hartas donde se pueden albergar.
É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con el padre Guevara y con el