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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXIX.

ofrecimientos que le daria mando en la Nueva-España y le haria su igual; porque el Juan Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y verdadero amigo, como adelante verán.

Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:

—«¿Qué manda vuestra merced?»

Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la boca, le dijo medio riendo:

—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo Andrés de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si vuestra merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque creen que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que por mi vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua rucia, y que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada cadena de oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á quien yo le dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al hombro, y otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, y allá verá qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego irán allá el Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como mayordomo que era del Diego Velazquez.»

Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba, mas que su oro ni cadenas que no las llevaria consigo, salvo lo que le diese para dar á quien mandase; porque donde su persona estuviere, es para le siempre servir, más que cuanto oro ni piedras de diamantes puede haber.

—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor, le envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero que vaya allá.»

Y el Juan Velazquez respondió:

—«Hágase lo que vuestra merced mandare.»

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