aquel tiempo tenian ellos muchos escuadrones aparejados, creyendo que con la gran priesa que nos diesen al tiempo del retraer nos desbaratarian, porque venian tan bravosos como tigres, y pié con pié se juntaron con nosotros; y como aquello conociamos dellos, la manera que teniamos para retraer era esta: que la primera cosa que haciamos era echar de la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas; porque, como eran muchos, con nuestro favor querian llegar á pelear con los mejicanos, y como eran mañosos, que no deseaban otra cosa sino vernos embarazados con los amigos, y con grandes arremetidas que hacian por todas tres partes para nos poder tomar en medio ó atajar algunos de nosotros; y con los muchos tlascaltecas que embarazaban, no podiamos pelear á todas partes, é por esta causa los echábamos fuera de la calzada, en parte que los poniamos en salvo; y cuando nos viamos que no teniamos embarazo dellos, nos retraiamos al real, no vueltas las espaldas, sino haciéndoles rostro, unos ballesteros y escopeteros soltando y otros armando; y nuestros cuatro bergantines cada dos de los lados de las calzadas por la laguna, defendiéndonos por las flotas de las canoas, y de las muchas piedras de las azuteas y casas que estaban por derrocar; y aun con todo este concierto teniamos harto riesgo de nuestras personas hasta volvernos á los ranchos, y luego nos quemábamos con aceite nuestras heridas y apretallas con mantas de la tierra, y cenar de las tortillas que nos traian de Tacuba, é yerbas y tunas quien lo tenia; y luego íbamos á velar á la abertura del agua, como dicho tengo, y luego á otro dia por la mañana, sus, á pelear; porque no podiamos hacer otra cosa, porque por muy de mañana que fuese, ya estaban sobre nosotros los batallones contrarios, y aun llegaban á nuestro real y nos decian vituperios; y desta manera pasábamos nuestros trabajos.
Dejemos por agora de contar de nuestro real, que es el de Pedro de Albarado, y volvamos al de Cortés, que siempre de noche y de dia le daban combates, y le mataban y herian muchos soldados, y era de la manera que á nosotros los del real de Tacuba; y siempre traia dos bergantines á dar caza de noche á las canoas que entraban en Méjico con