CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
Página 235 de 483
Table of Contents

CAPÍTULO CXLV.

que traian hechas como al modo de las espadas que hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como montantes, hechas de á dos manos de navajas.

Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora, que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta agua por fuera, que se les hincharon las barrigas dello.

Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante, y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo; y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas

235