que traian hechas como al modo de las espadas que hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como montantes, hechas de á dos manos de navajas.
Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora, que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta agua por fuera, que se les hincharon las barrigas dello.
Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante, y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo; y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas