estacadas, y de los soldados que en ellos iban, habian muerto los dos, y los demás heridos; y como Sandoval nos vió á mí y á otros soldados en el agua metidos á más de la cinta, ayudando al bergantin á echalle en lo hondo, y estaban sobre nosotros muchos indios con espadas de las nuestras que habian tomado en el desbarate de Cortés, y otros con montantes de navajas dándonos cuchilladas, y á mí me dieron un flechazo, y querian llegar con gran fuerza sus canoas, segun la fuerza que ponian, y le tenian atadas muchas sogas para llevársele y metelle dentro de la ciudad; y como el Sandoval nos vió de aquella manera, dijo:
—«Oh hermanos, poned fuerza en que no lleven el bergantin.»
Y tomamos tanto esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto que, como he dicho, todos los marineros salieron heridos y dos soldados muertos.
En aquella sazon vinieron á la calzada muchas capitanías de mejicanos, y nos herian ansí á los de á caballo y á todos nosotros, y aun al Sandoval le dieron una buena pedrada en la