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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLII.

Pues los de á caballo todo el dia y la noche estaba la mitad dellos en lo de Tacuba y la otra mitad en las calzadas.

Pues otro mayor mal nos hicieron, que cuanto habiamos cegado desde que en la calzada entramos, todo lo tornaron á abrir, y hicieron albarradas muy más fuertes que de ántes.

Pues los amigos de las ciudades de la laguna que nuevamente habian tomado nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con las canoas, creyeron llevar lana y volvieron trasquilados, porque perdieron muchos las vidas y más de la mitad de las canoas que traian, y otros muchos volvieron heridos; y aun con todo esto, desde allí adelante no ayudaron á los mejicanos, porque estaban mal con ellos, salvo estarse á la mira.

Dejemos de hablar más en contar lástimas, y volvamos á decir el recaudo y manera que teniamos, y cómo Sandoval y Francisco de Lugo, y Andrés de Tapia y los demás caballeros que habian venido á nuestro real, les pareció que era bien volverse á sus puestos y dar relacion á Cortés cómo y de qué manera estábamos; y se fueron en posta, y dijeron á Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus soldados teniamos muy buen recaudo, así en el batallar como en el velar; y aun el Sandoval, como me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me halló á mí y á otros soldados batallando en el agua á más de la cinta defendiendo un bergantin que estaba zabordado en unas estacadas, é que si por nuestras personas no fuera, que mataran á todos los soldados y al capitan que dentro venia; é porque dijo de mi persona otras loas que yo aquí no tengo de decir, porque otras personas lo dijeron y se supo en todo el real, no quiero aquí recitallo; y cuando Cortés lo hubo bien entendido del buen recaudo que teniamos en

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