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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXLV.

con nuestras armas nos habian de matar; y cuando los nuestros de á caballo se hallaron cerca dellos, como eran pocos, y eran muchos escuadrones, temieron; é á esta causa se pusieron en parte para no se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y todos nosotros fuésemos en su ayuda; é como lo supimos, en aquel instante cabalgan todos los de á caballo que quedaban en el real, aunque estaban heridos ellos y sus caballos, y salimos todos los soldados y ballesteros, y con nuestros amigos los tlascaltecas, y arremetimos de manera, que rompimos y tuvimos lugar de nos juntar con ellos pié con pié, y á buenas estocadas y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y nos dejaron de aquella vez el campo.

Dejemos esto, y tornaremos á decir que allí se prendieron otros principales, y se supo dellos que tenia Guatemuz ordenado de enviar otra gran flota de canoas y muchos más guerreros por tierra; y dijo á sus guerreros que cuando estuviésemos cansados, y heridos muchos y muertos de los reencuentros pasados, que estariamos descuidados con pensar que no enviaria más escuadrones contra nosotros, é que con los muchos que entónces enviaria nos podria desbaratar; y como aquello se supo, si muy apercebidos estábamos de ántes, mucho más lo estuvimos entónces, y fué acordado que para otro dia saliésemos de aquella ciudad y no aguardásemos más batallas; y aquel dia se nos fué en curar heridos y en adobar armas y hacer saetas; y estando de aquella manera, pareció ser que, como en aquella ciudad eran ricos y tenian unas casas muy grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas de mujeres de algodon, y habia en ella oro y otras muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte ó paraje estaban las casas, y se las fueron á mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y estaban en la laguna dulce y podian pasar á ellas por una calzada, puesto que habia dos ó tres puentes chicas en la calzada, que pasaban á ellas de unas acequias hondas á otras; y como nuestros soldados fueron á las casas y las hallaron llenas de ropa, y no habia guarda, cárganse ellos y muchos tlascaltecas de ropa y otras cosas de oro, y se vienen con ello al real; y como lo vieron otros soldados, van á las mismas casas, y estando dentro sacando ropa de unas cajas muy

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