desbaratarme á mí y prenderme, y aunque trajera mayor poder del que traje, pues he visto tantas ciudades y tierras que ha domado y sujetado al servicio de Dios nuestro Señor y del Emperador Cárlos V; y puédese vuestra merced alabar y tener en tanta estima, que yo ansí lo digo, y dirán todos los capitanes muy nombrados que el dia de hoy son vivos, que en el universo se puede anteponer á los muy afamados é ilustres varones que ha habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico no la hay; y vuestra merced y sus muy esforzados soldados son dignos que su majestad les haga muy crecidas mercedes.»
Y le dijo otras muchas alabanzas; y Cortés le respondió que nosotros no éramos bastantes para hacer lo que estaba hecho, sino la gran misericordia de Dios nuestro Señor, que siempre nos ayudaba, y la buena ventura de nuestro gran César.
Dejémonos desta plática y de las ofertas que hizo Narvaez á Cortés que le seria servidor, y diré cómo en aquella sazon se pasó Cortés á poblar la insigne y gran ciudad de Méjico, y repartió solares para las iglesias y monasterios y casas reales y plazas, y á todos los vecinos les dió solares; y por no gastar más tiempo en escribir segun y de la manera que agora está poblada, que, segun dicen muchas personas que se han hallado en muchas partes de la cristiandad, otra más populosa y mayor ciudad y de mejores casas y muy bien pobladas no se ha visto.
Pues estando dando la órden que dicho tengo, al mejor tiempo que estaba Cortés algo descansando, le vinieron cartas del Pánuco que toda la provincia estaba levantada é puesta en armas, y que era gente muy belicosa y de muchos guerreros, porque habian muerto muchos soldados que habia enviado Cortés á poblar, y que con brevedad enviase el mayor socorro que pudiese; y luego acordó Cortés de ir él mismo en persona, porque todos los capitanes habian ido á sus conquistas; y llevó todos los más soldados que pudo y hombres de á caballo y ballesteros y escopeteros, porque ya habian llegado á Méjico muchas personas de las