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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXXIX.

De manera que, aunque el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió sobre ellos y los desbarató, y mató siete mejicanos, como estaba la laguna cerca, se le acogieron á las canoas en que habian venido, porque todas aquellas tierras están muy pobladas de los sujetos de Méjico; y cuando los hubo puesto en huida, é vió que los cinco de á caballo que habia dejado con los ballesteros y escopeteros en la retaguardia, eran dos de los ballesteros muertos, y estaban los demás heridos, ellos y sus caballos; y aun con haber visto todo esto, no dejó de decilles á los demás que dejó en su defensa que habian sido para poco en no haber podido resistir á los enemigos y defender sus personas y de nuestros amigos, y estaba muy enojado dellos, porque eran de los nuevamente venidos de Castilla, y les dijo que bien le parecia que no sabian qué cosa era guerra; y luego puso en salvo todos los indios de Tlascala con su ropa, y tambien despachó unas cartas que envió Cortés á la Villa-Rica, en que en ellas envió á decir al capitan que en ella quedó todo lo acaecido acerca de nuestras conquistas y el pensamiento que tenia de poner cerco á Méjico, y que siempre estuviesen con mucho cuidado velándose; y que si habia algunos soldados que estuviesen en disposicion para tomar armas, que se los enviase á Tlascala, y que de allí no pasasen hasta estar los caminos más seguros, porque corrian riesgo.

Y despachados los mensajeros, y los tlascaltecas puestos en su tierra, volvió Sandoval para Chalco, que era muy cerca de allí, y con gran concierto sus corredores del campo adelante; porque bien entendió que en todos aquellos pueblos y caserías por donde iba, que habia de tener rebato de mejicanos; é yendo por su camino, cerca de Chalco vió venir muchos escuadrones mejicanos contra él, y en un campo llano, puesto que habia grandes labranzas de maizales y magueis, que es de donde sacan el vino que ellos beben, le dieron una buena refriega de vara y flecha, y piedras con hondas, y con lanzas largas para matar á los caballos.

De manera que Sandoval cuando vido tanto guerrero contra sí, esforzando á los suyos, rompió por ellos dos veces, y con las escopetas y

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