allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros con los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con alegría con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron que muy cerca de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que tenian un peñol muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban guerra, y que bien sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos é cómo estaba allí el Pedro de Albarado, y que no venian á dar la obediencia como los demás pueblos, y que eran muy malos y de malas condiciones; el cual pueblo se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado les envió á rogar que viniesen de paz y que serian dél muy bien tratados, y otras blandas palabras; y la respuesta que enviaron fué, que maltrataron los mensajeros, y viendo que no aprovechaban, tornó á enviar otros embajadores para les traer de paz, porque tres veces les envió á traer de paz, y todas tres les maltrataron de palabra; y fué Pedro de Albarado en persona á ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta soldados, y entre ellos veinte ballesteros y escopeteros y cuarenta de á caballo, y con dos mil guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á requerir con la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas, que comenzaron á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos de allí y estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos escuadrones de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y flechas, y con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales, y con sus penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo muchos heridos de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los contrarios, que luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de Albarado con sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol, y hubo muchos muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos al agua; y se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que estaban pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde habia muchos maizales, y durmió allí aquella noche.
Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la