Y llegaron á Tezcuco y Cortés y ciertos capitanes les salieron á recebir, con grandes ofrecimientos que Cortés hizo á Chichimecatecle y á todos los capitanes que traia; é las piezas de maderos y tablazones y todo lo demás perteneciente á los bergantines se puso cerca de las zanjas y esteros donde se habian de labrar; y desde allí adelante tanta priesa se daban en hacer trece bergantines el Martin Lopez, que fué el maestro de los hacer, con otros españoles que le ayudaban, que se decian Andrés Nuñez y un viejo que se decia Ramirez, que estaba cojo de una herida, y un Diego Hernandez, aserrador, y ciertos carpinteros, y dos herreros con sus fraguas, y un Hernando de Aguilar, que les ayudaba á machacar; todos se dieron gran priesa hasta que los bergantines estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos y ponellos los mástiles y jarcias y velas.
Pues ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que teniamos en nuestro real de espías y escuchas y guarda para los bergantines, porque estaban junto á la laguna, y los mejicanos procuraron tres veces de les poner fuego, y aun prendimos quince indios de los que