Pues á nosotros no nos dolian las heridas ni teniamos hambre ni sed, sino que parecia que no habiamos habido ni pasado ningun mal trabajo.
Seguimos la vitoria matando é hiriendo.
Pues nuestros amigos los de Tlascala estaban hechos unos leones, y con sus espadas y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy bien y esforzadamente.
Ya vueltos los de á caballo de seguir la victoria, todos dimos muchas gracias á Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente; porque no se habia visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que se haya dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estaba la flor de Méjico y de Tezcuco y Salcocan, ya con pensamiento que de aquella vez no quedara roso ni velloso de nosotros.
Pues qué armas tan ricas que traian, con tanto oro y penachos y divisas, y todos los más capitanes y personas principales, y allí junto donde fué esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas partes (así se puede decir, pues Dios nos escapó con las vidas), habia cerca un pueblo que se dice Obtumba; la cual batalla tienen muy bien pintada, y en retratos entallada los mejicanos y tlascaltecas, entre otras muchas batallas que con los mejicanos hubimos hasta que ganamos á Méjico.
Y tengan atencion los curiosos lectores que esto leyeren, que quiero traer aquí á la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro de Albarado en Méjico fuimos por todos sobre más de mil y trecientos soldados, con los de á caballo, que fueron noventa y siete, y ochenta ballesteros y otros tantos escopeteros, y más de dos mil tlascaltecas, y metimos mucha artillería; y fué nuestra entrada en Méjico dia del señor San Juan de Junio de 1520 años, y fué nuestra salida huyendo á 10 del mes de Julio del año siguiente, y fué esta nombrada batalla de Obtumba á 14 del mes de Julio.