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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLIII.

remudaban de rato en rato, unos de unas divisas y señales, y venian otros de otras libreas; y entónces cuando estábamos peleando con ellos nos decian muchas palabras, diciéndonos de apocados y que no éramos buenos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni maizales, y que no éramos sino para venilles á robar su ciudad, como gente mala que habiamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro Rey y señor; y esto decian por lo que Narvaez les habia enviado á decir, que veniamos sin licencia de nuestro Rey, como dicho tengo; y nos decian que de allí á ocho dias no habia de quedar ninguno de nosotros á vida porque así se lo habian prometido la noche ántes sus dioses; y desta manera nos decian otras cosas malas, y á la postre decian:

—«Mirá cuán malos y bellacos sois, que aun vuestras carnes son malas para comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de amargor.»

Y parece ser, como aquellos dias se habian hartado de nuestros soldados y compañeros, quiso Nuestro Señor que les amargasen las carnes.

Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, si muchos vituperios nos decian á nosotros, más les decian á ellos, é que les ternian por esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, y tornar á edificar las casas que les habiamos derrocado, é que las habian de hacer de cal y canto labradas, que su Huichilóbos se lo habia prometido; y diciendo esto, luego el bravoso pelear, y se venian por unas casas derrocadas, y con las muchas canoas que tenian nos tomaban las espaldas, y aun nos tenian algunas veces atajados en las calzadas; y nuestro Señor Jesucristo nos sustentaba cada dia, que nuestras fuerzas no bastaban; mas todavía les haciamos volver muchos dellos heridos, y muchos quedaban muertos.

Dejemos de hablar de los grandes combates que nos daban, y digamos cómo nuestros amigos los de Tlascala y de Cholula y Guaxocingo, y aun los de Tezcuco, acordaron de se ir á sus tierras, y sin lo saber Cortés ni

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