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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLIV.

decir otras palabras bien dichas, que los tres principales las entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron á Cortés una carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian claramente que cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les mandábamos, era un papel de aquellos que llaman amales, señal como mandamiento.

Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con grandes lágrimas y sollozando le dijeron lo que Cortés les mandó; y el Guatemuz desque lo oyó, y sus capitanes que juntamente con él estaban, pareció ser que al principio recibió pasion de que fuesen atrevidos aquellos capitanes de illes con tales embajadas; mas, como el Guatemuz era mancebo y muy gentil hombre, y de buena disposicion y rostro alegre, y aun la color tenia algo más que tiraba á blanco que á matiz de indios, que era de obra de veinte y tres años y era casado con una muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues alcanzamos á saber, tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo mandó juntar todos sus capitanes y principales y papas de los ídolos, y les dijo que tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos nosotros; y la plática que sobre ello les puso fué, que ya habian probado todo lo que se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas maneras de pelear, y que somos de tal manera, que cuando pensaban que nos tenian vencidos, que entónces volviamos muy más reciamente sobre ellos; y que al presente sabia los grandes poderes de amigos que nuevamente nos habian venido, y que todas las ciudades eran contra ellos, y que ya los bergantines les habian rompido sus estacadas, y que los caballos corrian á rienda suelta por las calles de su ciudad; y les puso por delante otras muchas desventuras que tenian sobre los mantenimientos y agua; que les rogaba y mandaba que cada uno dellos diese sobre ello su parecer, y los papas tambien dijesen el suyo y lo que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han oido hablar, y que ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de lo que sentia.

Y segun pareció, le dijeron:

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