rio abajo, y pusímosle por nombre la villa del Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, que en pascua de Espíritu Santo desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque aquel santo nombre fué nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos, lo otro por pasar aquel rio aquel mismo dia, y porque todas aquellas tierras vinieron de paz sin dar guerra, y allí poblamos toda la flor de los caballeros y soldados que habiamos salido de Méjico á poblar con el Sandoval, y el mismo Sandoval, y Luis Marin, y un Diego de Godoy, y el capitan Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y Francisco de Lugo, y Juan Lopez de Aguirre, y Hernando de Montes de Oca, y Juan de Salamanca, y Diego de Azamar, y un Mantilla, y otro soldado que se decia Mejía Rapapelo, y Alonso de Grado, y el licenciado Ledesma, y Luis de Bustamante, y Pedro Castellar, y el capitan Briones, é yo y otros muchos caballeros é personas de calidad, que si los hubiese aquí de nombrar á todos, es no acabar tan presto; mas tengan por cierto que soliamos salir á la plaza á un regocijo é alarde sobre ochenta de á caballo, que eran más entónces aquellos ochenta que ahora quinientos; y la causa es esta, que no habia caballos en la Nueva-España, sino pocos y caros, y no los alcanzaban á comprar sino cual ó cual.
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CAPÍTULO CLX.
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