de buen comedimiento, qué tal viene vuestra merced, y quitar las gorras y abrazarse unos á otros, como se suele hacer, preguntó el Pedro Caballero por el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba, qué tal queda, y responde el Pedro Barba que bueno; y el Pedro Barba y los demás que consigo traian preguntan por el señor Pánfilo de Narvaez, y cómo le va con Cortés; y responden que muy bien, é que Cortés anda huyendo y alzado con veinte de sus compañeros, é que Narvaez está muy próspero é rico, y que la tierra es muy buena; y de plática en plática le dicen al Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, que desembarque é que se vayan á dormir y estar en él, que les traerán comida y lo que hubieren menester, que para sólo aquello estaba señalado aquel pueblo, y tantas palabras les dicen, que en el batel y en otros que luego allí venian de los otros navíos que estaban surtos les sacaron en tierra, y cuando los vieron fuera del navío, y tenian copia de marineros junto con el almirante Pedro Caballero, dijeron al Pedro Barba:
—«Sed preso por el señor capitan Cortés, mi señor.»
Y ansí los prendieron, y quedaban espantados, y luego les sacaban del navío las velas y timon y agujas, y los enviaban adonde estábamos con Cortés en Tepeaca; por los cuales habiamos gran placer, con el socorro que venia en el mejor tiempo que podia ser; porque en aquellas entradas que he dicho que haciamos, no eran tan en salvo, que muchos de nuestros soldados no quedábamos heridos, y otros adolescian del trabajo; porque, de sangre y polvo que estaba cuajado en las entrañas, no echábamos otra cosa del cuerpo y por la boca, como traiamos siempre las armas á cuestas y no parar noches ni dias; por manera que ya se habian muerto cinco de nuestros soldados de dolor de costado en obra de quince dias.
Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco Lopez, vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha honra al Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas que