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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXLV.

hicieron lugar, y tornó Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la cabeza, y quedó el Olea muy malamente herido de tres cuchilladas; y en aquel tiempo acudimos allí todos los más soldados que más cerca dél nos hallamos; porque en aquella sazon, como en aquella ciudad habia en cada calle muchos escuadrones de guerreros y por fuerza habiamos de seguir las banderas, no podiamos estar todos juntos, sino pelear unos á unas partes y otros á otras, como nos fué mandado por Cortés; mas bien entendimos que donde andaba Cortés y los de á caballo que habia mucho que hacer, por las muchas gritas y voces y alaridos que oiamos.

Y en fin de más razones, puesto que habia á donde andábamos muchos guerreros, fuimos con gran riesgo de nuestras personas á donde estaba Cortés, que ya se le habian juntado hasta quince de á caballo y estaban peleando con los enemigos junto á unas acequias, á donde se mamparaban y estaban albarradas; y como llegamos, les pusimos en huida, aunque no del todo volvian las espaldas; y porque el soldado Olea que acudió á nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres cuchilladas y se desangraba, y las calles de aquella ciudad estaban llenas de guerreros, dijimos á Cortés que se volviese á unos mamparos y se curase el Cortés y el Olea; y así volvimos, y no muy sin sobra de vara y piedra y flecha, que nos tiraban de muchas partes donde tenian mamparos y albarradas, creyendo los mejicanos, que volviamos retrayéndonos, é nos seguian con gran furia; y en este instante viene Pedro de Albarado é Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que fueron con ellos á otras partes, el Olí corriendo sangre de la cara y el Pedro de Albarado herido, y el caballo y todos los demás cada cual con su herida, y dijeron que habian peleado con tanto mejicano en el campo, que no se podian valer; y porque cuando pasamos la puente que dicho tengo, parece ser Cortés los repartió que la mitad de á caballo fuesen por una parte y la otra mitad por otra; y así, fueron siguiendo tras unos escuadrones, y la otra mitad tras los otros.

Pues ya que estábamos curando los heridos con quemalles con aceite é apretalles con mantas, suenan tantas voces y trompetillas é caracoles por

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