Pues qué fiesta y alegría mostraron con doña Luisa y con doña Marina cuando las vieron en salvamento, y qué llorar, y qué tristeza tenian por los demás indios que no venian, que se quedaron muertos, en especial el Masse-Escaci por su hija doña Elvira, y lloraba la muerte de Juan Velazquez de Leon, á quien la dió; y desta manera fuimos á la cabeza de Tlascala con todos los caciques, y á Cortés aposentaron en las casas de Masse-Escaci, y Xicotenga dió sus aposentos á Pedro de Albarado, y allí nos curamos y tornamos á convalecer, y aun se murieron cuatro soldados de las heridas, y á otros soldados no se les habian sanado.
Y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.