busca, con otros de á caballo, hácia los esteros donde le vimos apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas que habian ido con Cortés, que se escaparon, é se decia el uno Monroy y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron que ellos por ser ligeros escaparon, é que Cortés y los demás se vienen poco á poco porque traen los caballos heridos; y estando en esto viene Cortés, con el cual nos alegramos, puesto que él venia muy triste y como lloroso; llamábanse los mozos de espuelas que llevaron á Méjico á sacrificar, el uno Francisco Martin Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso por ser algo loco, y el otro se decia Pedro Gallego.
Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, llovia mucho, y reparamos cerca de dos horas en unos grandes patios; y Cortés con otros capitanes y el tesorero Alderete, que venia ya malo, y el fraile Melgarejo y otros muchos soldados, subimos en el gran cu de aquel pueblo, que desde él se señoreaba muy bien la ciudad de Méjico, que está muy cerca, y toda la laguna y las más ciudades que están en el agua pobladas; y cuando el fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y todas asentadas en el agua, estaban admirados.
Pues