ocho conquistadores viejos de los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y andaban rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en su villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de Garay que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí en el campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios, y que no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos tres veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros muchos, todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos; y estaban tan furiosos todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron y abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar.
Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa de importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino, que con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los de á caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban esperando en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de aquellas provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al un mal paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra parte; y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar unos y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer poner en huida; y los contrarios tiraban mucha vara y flecha y piedra, é hirieron á muchos soldados y de nuestros amigos.
Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en aquel otro