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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXVI.

Aquel dia mataron diez ó doce soldados, y todos volvimos bien heridos; y lo que pasó de la noche fué en concertar para que de ahí á dos dias saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en todo el real, y con cuatro ingenios á manera de torres, que se hicieron de madera bien recios, en que pudiesen ir debajo de cualquiera dellos veinte y cinco hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para ir los tiros, y tambien iban escopeteros y ballesteros, y junto con ellos habiamos de ir otros soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros, y todos los demás de á caballo hacer algunas arremetidas.

Y hecho este concierto, como estuvimos aquel dia que entendiamos en la obra y fortalecer muchos portillos que nos tenian hechos, no salimos á pelear aquel dia; no sé cómo lo diga, los grandes escuadrones de guerreros que nos vinieron á los aposentos á dar guerra, no solamente por diez ó doce partes, sino por más de veinte; porque en todo estábamos repartidos, y otros en muchas partes; y entre tanto que los adobábamos y fortaleciamos, como dicho tengo, otros muchos escuadrones procuraron entrarnos los aposentos á escala vista, que por tiros ni ballestas ni escopetas, ni por muchas arremetidas y estocadas les podian retraer.

Pues lo que decian, que en aquel dia no habia de quedar ninguno de nosotros, y que habian de sacrificar á sus dioses nuestros corazones y sangre, y con las piernas y brazos, que bien tendrian para hacer hartazgas y fiestas; y que los cuerpos echarian á los tigres y leones y víboras y culebras que tienen encerrados, que se harten dellos; é que á aquel efecto há dos dias que mandaron que no les diesen de comer; y que el oro que teniamos, que habriamos mal gozo dél y de todas las mantas; y á los de Tlascala que con nosotros estaban les decian que les meterian en jaulas á engordar, y que poco á poco harian sus sacrificios con sus cuerpos.

Y muy afectuosamente decian que les diésemos su gran señor Montezuma, y decian otras cosas; y de noche asimismo siempre silbos y voces, y rociadas de vara y piedra y flecha; y cuando amaneció, despues de

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