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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXXVII.

Volvamos á nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y estaba despoblado, y puestas nuestras velas y rondas y escuchas y corredores del campo, y estuvimos aquella noche con cuidado no diesen en nosotros muchos escuadrones de mejicanos guerreros que estaban aguardándonos en unos malos pasos; de lo cual tuvimos aviso porque se prendieron cinco mejicanos en la puente primera que dicho tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los escuadrones, y segun despues supimos, no se atrevieron á darnos guerra ni á más aguardar; porque, segun pareció, entre los mejicanos y los de Tezcuco tuvieron diferencias y bandos; y tambien, como aun no estaban muy sanos de las viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra dió y cundió, y como habian sabido cómo en lo de Guacachula é Ozucar, y en Tepeaca y Xalacingo y Castiblanco todas las guarniciones mejicanas habiamos desbaratado, y asimismo corria fama, y así lo creian, que iban con nosotros en nuestra compañía todo el poder de Tlascala y Guaxocingo, acordaron de no nos aguardar; y todo esto Nuestro Señor Jesucristo lo encaminaba.

Y desque amaneció, puestos todos nosotros en gran concierto, así artillería como escopetas y ballestas, y los corredores del campo adelante descubriendo tierra, comenzamos á caminar hácia Tezcuco, que seria de allí de donde dormimos obra de dos leguas; é aun no habiamos andado media legua cuando vimos volver nuestros corredores del campo muy alegres y dijeron á Cortés que venian hasta diez indios, y que traian unas señas y veletas de oro, y que no traian armas ningunas, y que en todas las caserías y estancias por donde pasaban no les daban grita ni voces como habian dado el dia ántes; ántes, al parecer, todo estaba de paz; y Cortés y todos nuestros capitanes y soldados nos alegramos, y luego mandó Cortés reparar, hasta que llegaron siete indios principales, naturales de Tezcuco, y traian una bandera de oro en una lanza larga, y ántes que llegasen abajaron su bandera y se humillaron, que es señal de paz; y cuando llegaron ante Cortés, estando doña Marina é Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, delante, dijeron:

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