tornaron más á juntar por entónces para dar guerra; y Cortés estuvo ocho dias en un pueblo que estaba allí cerca, donde habian sido aquellas reñidas batallas, por causa de que se curasen los heridos y se enterrasen los muertos, y habia muchos bastimentos; y para tornarle á llamar de paz envió al Padre fray Bartolomé de Olmedo, y diez caciques, personas principales, de los que se habian prendido en aquellas batallas, y doña Marina y Jerónimo de Aguilar, que siempre Cortés los llevaba consigo; y el Padre fray Bartolomé de Olmedo les hizo un parlamento muy discreto, y les dijo que «¿cómo se podian defender todos los de aquellas provincias de no se dar por vasallos de su majestad, pues han visto y tenido nueva que con el poder de Méjico, siendo tan fuertes guerreros, estaba asolada la ciudad y puesta por el suelo? É que vengan luego de paz y no hayan miedo, é que lo pasado de las muertes, que Cortés, en nombre de su majestad, se lo perdonaria.»
Y tales palabras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo con amor, y otras llenas de amenazas, que, como estaban hostigados y habian visto muertos muchos de los suyos, y abrasados y asolados todos sus pueblos, vinieron de paz, y todos trajeron joyas de oro, aunque no de mucho precio, que presentaron á Cortés, y él con halagos y mucho amor les recibió de paz; y dende allí se fué Cortés con la mitad de sus soldados á un rio que se dice Chile, que está de la mar obra de cinco leguas, y volvió á enviar mensajeros á todos los pueblos de la otra parte del rio á llamalles de paz, y no quisieron venir; porque, como estaban encarnizados de los muchos soldados que habian muerto en obra de dos años que habian pasado de los capitanes que Garay envió á poblar aquel rio, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, ansí creyeron que harian á nuestro Cortés; y como estaban entre grandes lagunas y rios y ciénagas, que es muy grande fortaleza para ellos; y la respuesta que dieron fué matar á los mensajeros que Cortés les habia enviado á hablar sobre las paces, y á estos de agora tuvieron presos ciertos dias, y estuvo Cortés aguardando para ver si podria acabar con ellos que mudasen su mal propósito; y como no vinieron, mandó buscar todas las canoas que en el rio pudo haber, y con