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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLVI.

y brazos, y se los comieron á los sesenta y dos que dicho tengo, temia yo que un dia que otro habian de hacer de mí lo mismo, porque ya me habian asido dos veces, y quiso Dios que me escapé; y acordóseme de aquellas muertes, y por esta causa desde entónces temí desta cruel muerte; y esto he dicho porque ántes de entrar en las batallas se me ponia por delante una como grima y tristeza grandísima en el corazon; y encomendándome á Dios y á su bendita Madre nuestra Señora, y entrar en las batallas, todo era uno, y luego se me quitaba aquel temor, y tambien quiero decir qué cosa tan nueva era agora tener yo aquel temor no acostumbrado, habiéndome hallado en muchos rencuentros muy peligrosos, ya habia de estar curtido el corazon y esfuerzo y ánimo en mi persona agora á la postre más arraigado que nunca; porque, si bien lo sé contar y traer á la memoria, desde que vine á descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba y con Grijalva, y volví con Cortés, y me hallé en lo de la Punta de Cotoche y en lo de Lázaro, que por otro nombre se dice Campeche, y en Potonchan y en la Florida, segun que más largamente lo tengo escrito cuando vine á descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba.

Dejemos desto, y volvamos á hablar en lo de Grijalva y en la misma de Potonchan, y con Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, y en todas las guerras y rencuentros de Tlascala y en lo de Cholula, y cuando desbaratamos á Narvaez me señalaron para que les fuésemos á tomar la artillería, que eran diez y ocho tiros que tenian cebados y cargados con sus pelotas de piedra, los cuales les tomamos, y este trance fué de mucho peligro; y me hallé en el primer desbarate cuando los mejicanos nos echaron de Méjico, ó por mejor decir, salimos huyendo cuando nos mataron en obra de ocho dias ochocientos y cincuenta soldados; y me hallé en las entradas de Tepeaca y Cachula y sus rededores, y en otros rencuentros que tuvimos con los mejicanos cuando estábamos en Tezcuco sobre coger las mielpas de maíz, y en lo de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar, y me hallé cuando subimos en los peñoles, y ahora los llaman las fuerzas ó fortaleza que ganó Cortés, y en lo de Suchimileco, é

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