ellas y unas barcas que se hicieron de madera de navíos viejos de los de Garay, y pasaron de noche de la otra parte del rio ciento y cincuenta soldados, y los más dellos ballesteros y escopeteros, y cincuenta de á caballo; y como los principales de aquellas provincias velaban sus pasos y rios, como los vieron, dejáronlos pasar, y estaban aguardando de la otra parte; y si muchos guastecas se habian juntado en las primeras batallas que dieron á Cortés, muchos más estaban juntos esta vez, y vienen como leones rabiosos á se encontrar con los nuestros; y á los primeros encuentros mataron dos soldados é hirieron sobre treinta, y tambien mataron tres caballos é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; más tal prisa les dieron los nuestros, que no pararon en el campo, é luego se fueron huyendo, y quedaron dellos muertos y heridos gran cantidad; y despues que pasó aquella batalla, los nuestros se fueron á dormir á un pueblo que estaba despoblado, que se habian huido los moradores dél, y con buenas velas, y escuchas, y rondas y corredores del campo estuvieron, y de cenar no les faltó; y cuando amaneció, andando por el pueblo, vieron estar en un cu é adoratorio de ídolos, colgados muchos vestidos y caras de soldados, adobadas como cueros de guantes, y con sus barbas y cabellos, que eran de los soldados que habian muerto á los capitanes que habia enviado Garay á poblar el rio de Pánuco, y muchas dellas fueron conocidas de otros soldados, que decian que eran sus amigos, y á todos se les quebró los corazones de lástima de las ver de aquella manera, y luego las quitaron de donde estaban y las llevaron para enterrar; y desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y como conocian que toda la gente de aquella provincia era muy belicosa, siempre iban muy recatados y puestos en ordenanza para pelear, no les tomase descuidados y desapercibidos; y los descubridores de todo aquel campo dieron con unos grandes escuadrones de indios que estaban en celadas, para que cuando estuviesen los nuestros en las casas apeados dar en los caballos y en ellos; y como fueron sentidos, no tuvieron lugar de hacer todo lo que querian; más todavía salieron muy denodadamente y pelearon con los nuestros como valientes guerreros, y estuvieron más de media hora que los de á
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CAPÍTULO CLVIII.
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