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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXXV.

hurtar y esconder las buenas indias; y de tal manera se lo dijeron al mismo Cortés soldados de los de Narvaez, que juraban á Dios que no habian visto tal, haber dos Reyes en la tierra de nuestro Rey y señor y sacar dos quintos; y uno de los soldados que se lo dijeron fué un Juan Bono de Quejo; y más dijo, que no estarian en tal tierra, y que lo harian saber en Castilla á su majestad y á los de su Real Consejo de Indias; y tambien dijo á Cortés otro soldado muy claramente que no bastó repartir el oro que se habia habido en Méjico de la manera que lo repartió, y que cuando estaba repartiendo las partes decia que eran trecientos mil pesos los que se habian llegado, y que cuando salimos huyendo de Méjico mandó tomar por testimonio que quedaban más de setecientos mil, y que agora el pobre soldado que habia echado los bofes y estaba lleno de heridas por haber una buena india, y les habian dado enaguas y camisas, habian tomado y escondido las tales indias, y que cuando dieron el pregon para que se llevasen á herrar, que creyeron que á cada soldado volverian sus piezas y que apreciarian qué tantos pesos valian, y que como las apreciasen pagasen el quinto á su majestad, y que no habria más quinto para Cortés; y decian otras murmuraciones peores que estas; y como Cortés aquello vió, con palabras algo blandas dijo que juraba en su conciencia (que aquesto tenia costumbre de jurar) que de allí adelante no seria ni se haria de aquella manera, sino que buenas ó malas indias, sacallas al almoneda, y la buena que se venderia por tal, y la que no lo fuese por ménos precio, y de aquella manera no ternian que reñir con él.

Y puesto que allí en Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas despues en lo de Tezcuco casi que fué desta manera, como adelante diré.

Y dejaré de hablar en esta materia, y digamos otra cosa casi peor que esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el capítulo que dello habla, cuando la triste noche que salimos de Méjico huyendo, cómo quedaban en la sala donde posaba Cortés muchas barras de oro perdido, que no lo podian sacar, más de lo que cargaron en la yegua y caballos y muchos

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