Y como en aquella sazon estaba la cosa de arte que Cortés no podia hacer otra cosa sino callar, y con dádivas y ofertas le atrajo á sí; y como conoció dél ser muy atrevido, y tuvo siempre Cortés temor que por ventura un dia ó otro no hiciese alguna cosa en su daño, disimuló; y dende allí adelante siempre le enviaba á negocios de importancia, como fué á la isla de Santo Domingo, y despues á España cuando enviamos la recámara y tesoro del gran Montezuma, que robó Juan Florin, gran corsario frances; lo cual diré en su tiempo y lugar.
Y volvamos ahora al Narvaez y á un negro que traia lleno de viruelas, que harto negro fué en la Nueva-España, que fué causa que se pegase é hinchase toda la tierra dellas, de lo cual hubo gran mortandad; que, segun decian los indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no la conocian, lavábanse muchas veces, y á esta causa se murieron gran cantidad dellos.
Por manera que negra la ventura de Narvaez, y más prieta la muerte de tanta gente sin ser cristianos.
Dejemos ahora todo esto, y digamos cómo los vecinos de la Villa-Rica, que habian quedado poblados, que no fueron á Méjico, demandaron á Cortés las partes del oro que les cabia, y dijeron á Cortés que, puesto que allí les mandó quedar en aquel puerto y villa, que tambien servian allí á Dios y al Rey como los que fuimos á Méjico, pues entendian en guardar la tierra y hacer la fortaleza, y algunos dellos se hallaron en lo de Almería, que aun no tenian sanas las heridas, y que todos los más se hallaron en la prision de Narvaez, y que les diesen sus partes; y viendo Cortés que era muy justo lo que decian, dijo que fuesen dos hombres principales vecinos de aquella villa con poder de todos, y que lo tenia apartado, y que se lo darian; y paréceme que les dijo que en Tlascala estaba guardado, que esto no me acuerdo bien; é así, luego despacharon de aquella villa dos vecinos por el oro y sus partes, y el principal se decia Juan de Alcántara el viejo.