de ser lo primero en que los podriamos dañar; y así como nos encontraron cerca de unos pasos malos comenzaron á nos flechar y tirar vara y piedra con hondas, é nos hirieron á tres soldados; más de presto les hicimos volver las espaldas, y nuestros amigos los de Tlascala los siguieron de manera, que mataron veinte y prendieron siete ú ocho dellos; y como aquellos grandes escuadrones estuvieron puestos en huida, les quebramos los caños por donde iba el agua á su ciudad, y desde entónces nunca fué á Méjico entre tanto que duró la guerra.
Y como aquello hubimos hecho, acordaron nuestros capitanes que luego fuésemos á dar una vista y entrar por la calzada de Tacuba y hacer lo que pudiésemos para les ganar una puente; y llegados que fuimos á la calzada, eran tantas las canoas que en la laguna estaban llenas de guerreros y en las mismas canoas é calzadas, que nos admirábamos dello; y tiraron tanta de vara y flecha y piedra con hondas, que en la primera refriega hirieron treinta de nuestros soldados é murieron tres; y aunque nos hacian tanto daño, todavía les fuimos entrando por la calzada adelante hasta una puente, y á lo que yo entendí, ellos nos daban lugar á ello, por meternos de la parte de la puente; y como allí nos tuvieron, digo que cargaron tanta multitud de guerreros sobre nosotros, que no nos podiamos valer; porque por la calzada dicha, que son ocho pasos de ancho, ¿qué podiamos hacer á tan gran poderio que estaban de la una parte y de la otra de la calzada y daban en nosotros como á terrero? Porque ya que nuestros escopeteros y ballesteros no hacian sino armar y tirar á las canoas, no les haciamos daño, sino muy poco, porque las traian muy bien armadas de talabardones de madera.
Pues cuando arremetiamos á los escuadrones que peleaban en la misma calzada luego se echaban al agua, y habia tantos dellos, que no nos podiamos valer.
Pues los de á caballo no aprovechaban cosa ninguna, porque les herian los caballos de la una parte y de la otra desde el agua; y ya que arremetian