Pedro de Albarado ni Sandoval, se fueron todos los más; que no quedó en la real de Cortés sino este Suchel, que despues que se bautizó se llamó don Cárlos, y era hermano de don Fernando, señor de Tezcuco, y era muy esforzado hombre; y quedaron con él otros sus parientes y amigos, que serian hasta cuarenta; y en el real de Sandoval quedó otro cacique de Guaxocingo con obra de cincuenta hombres; y en nuestro real quedaron dos hijos de nuestro amigo D. Lorenzo de Vargas, y el esforzado de Chichimecatecle con obra de ochenta tlascaltecas, parientes y vasallos.
Y como nos hallamos solos y con tan pocos amigos, recebimos pena; y Cortés y Sandoval y cada uno en su real preguntaban á los amigos que les quedaban que por qué se habian ido de aquella manera los demás sus hermanos, y decian que, como vian que los mejicanos hablaban de noche con sus ídolos é prometian que nos habian de matar á nosotros y á ellos, que creian que debia de ser verdad, y del miedo se iban; y que lo que le daba más crédito á ello era vernos á todos heridos y nos habian muerto á muchos de nosotros, é que dellos mismos faltaban más de mil y ducientos, y que temieron no matasen á todos; y tambien porque Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés en Tezcuco, siempre les decia que sabia por sus adivinanzas que á todos nos habian de matar, é que no habia de quedar ninguno de nosotros á vista, y por esta causa se fueron.
É puesto que Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con rostro alegre les dijo que no tuviesen miedo, é que lo que aquellos mejicanos les decian que era mentira y por desmayarlos; y tantas palabras de prometimientos les dijo, y con palabras amorosas los esforzó á estar con él, y otro tanto dijimos al Chichimecatecle y á los dos Xicotengas.
Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este Suchel, que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y esforzado, dijo á Cortés: