Nuestros ranchos, donde estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron, que ansí nos estábamos al agua, porque ya saben los que en esta tierra han estado que por Junio, Julio y Agosto son en estas partes cotidianamente las aguas.
Dejemos esto, y volvamos á nuestra calzada y á los combates que cada dia dábamos á los mejicanos, y cómo les íbamos ganando muchas torres de ídolos y casas y otras aberturas de zanjas y puentes que de casa en casa tenian hechas, y todo lo cegábamos con adobes y la madera de las casas que deshaciamos y derrocábamos, y aun sobre ellas velábamos; y aun con toda esta diligencia que poniamos, lo tornaban á hondar y ensanchar, y ponian más albarradas, y porque entre todas tres nuestras capitanías teniamos por deshonra que unos batallásemos é hiciésemos rostro á los escuadrones mejicanos, y otros estuviesen cegando los pasos y aberturas y puentes; y por excusar diferencias sobre los que habiamos de batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Albarado que una capitanía tuviese cargo de cegar y entender en la obra un dia, y las dos capitanías batallasen é hiciesen rostro contra los enemigos, y esto habia de ser por rueda, un dia una y luego otro dia otra capitanía, hasta que por todas tres volviese la andanada y rueda; y con esta órden no quedaba cosa que les ganábamos que no dábamos con ella en el suelo, y nuestros amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y ansí les íbamos entrando en su ciudad; mas al tiempo del retraer todas tres capitanías habiamos de pelear juntos, porque entónces era donde corriamos mucho peligro; y como otra vez he dicho, primero haciamos salir de las calzadas todos los tlascaltecas, porque cierto era demasiado embarazo para cuando peleábamos.
Dejemos de hablar de nuestro real, y volvamos al de Cortés y al de Gonzalo de Sandoval, que á la continua, ansí de dia como de noche, tenian sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas de canoas por la laguna, y siempre les daban guerra, y no les podian apartar de sí.