Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés para que le sirviese, que se decia Juan del Rio.
Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez, mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino, y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías y rondas; y cuando amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y fuimos á hora de medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa rica de la Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que vienen de Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al rio unas casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace grandísimo sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos nuestras armas y picas.
Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez de Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba.