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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLVI.

Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados que andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa; y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban comarcanos, les despojaban de lo que llevaban.

Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en las calzadas y por tierra firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos flechazos y lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando íbamos ganando alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian salido y sacado toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua sin que primero cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he dicho en el capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los marineros que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor librados que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro, porque los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés, cuando les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en los bergantines habian robado mucha parte dello.

Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que, como habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á Cortés que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen.

Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas llenas de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que nunca dejaban

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