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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLV.

fueron con estos mensajeros los dos indios de Matalacingo, y le dijeron lo que habia pasado; y no les quiso responder cosa ninguna, sino solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos, y luego les mandó salir de Méjico.

Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por tres partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se vienen á nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra; y puesto que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que deseaban morir peleando, y entónces cuando más recios andaban con nosotros pié con pié peleando, nos decian:

—«Tenitoz Rey Castilla, Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su lengua: «¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá ahora?»

Y con estas palabras tirar vara y piedra y flecha, que cubrian el suelo y calzada.

Dejemos esto, que ya les íbamos ganando gran parte de la ciudad, y en ellos sentiamos que, puesto que peleaban muy como varones, no se remudaban ya tantos escuadrones como solian, ni abrian zanjas ni calzadas; mas otra cosa tenian muy cierta, que al tiempo que nos retraiamos nos venian siguiendo hasta nos echar mano; y tambien se nos habia acabado ya la pólvora en todos tres reales, y en aquel instante habia venido á la Villa-Rica un navío que era de una armada de un licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se perdió y desbarató en las islas de la Florida, y el navío aportó á aquel puerto, como dicho tengo, y venian en él ciertos soldados y pólvora y ballestas y otras cosas; y el teniente que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodrigo Rangel, que tenia en guarda á Narvaez, envió luego á Cortés pólvora y ballestas y soldados.

Y volvamos á nuestra conquista, por abreviar: que mandó y acordó Cortés con todos los demás capitanes y soldados que les entrásemos todo cuanto pudiésemos hasta llegalles al Tatelulco, que es la plaza mayor,

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