aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, y á mí me dieron un buen bote de lanza, que me pasaron las armas, y si no fuera por el mucho algodon y bien colchadas que eran, me mataran, porque con ser buenas las pasaron y echaron buen pelote de algodon fuera, me dieron una chica herida; y en aquella sazon era más de medio dia, y vino muy grande agua y luego una muy oscura neblina; porque, como eran sierras altas, siempre hay neblinas y aguaceros; y nuestro capitan, como llovia mucho, se apartó del combate, y como ya era acostumbrado á las guerras pasadas de Méjico, bien entendí que en aquella sazon que vino la neblina no daban los contrarios tantas voces ni gritos como de ántes; y veia que estaban arrimadas á los aduares y fortalezas y barbacanas muchas lanzas, y que no las veia menear, sino hasta ducientas dellas, sospeché lo que fué, que se querian ir ó se iban entónces, y de presto les entramos por un portillo yo y otro mi compañero, y estaban obra de ducientos guerreros, los cuales arremetieron á nosotros y nos dan muchos botes de lanza; y si de presto no fuéramos socorridos de unos indios de Cinacatan, que dieron voces á nuestros soldados, que entraron luego con nosotros en su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como estaban aquellos chamultecas con sus lanzas haciendo cara y vieron el socorro, se van huyendo, porque los demás guerreros ya se habian huido con la neblina; y nuestro capitan con todos los soldados y amigos entraron dentro, y estaba ya alzado todo el hato, y la gente menuda y mujeres ya se habian ido por el paso muy malo, que he dicho que era muy hondo y de mala subida y peor bajada; y fuimos en el alcance, y se prendieron muchas mujeres, muchachos y niños y sobre treinta hombres, y no se halló despojo en el pueblo, salvo bastimento; y esto hecho, nos volvimos con la presa camino de Cinacatan, y fué acordado que asentásemos nuestro real junto á un rio adonde está ahora poblada la Ciudad-Real, que por otro nombre llaman Chiapa de los Españoles; y desde allí soltó el capitan Luis Marin seis indios con sus mujeres, de los presos de Chamula, para que fuesen á llamar los de Chamula, y se les dijo que no hubiesen miedo, y se les darian todos los prisioneros; y fueron los mensajeros, y otro dia vinieron
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CAPÍTULO CLXVI.
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