arriba, é habíase acogido á él de todas aquellas comarcas ansí hombres como mujeres y niños é gente menuda; y para que entendiésemos abajo que querian paces, desde el peñol las mujeres meneaban unas mantas hácia abajo, y con las palmas daban unas con otras, señalando que nos harian pan y tortillas, y los guerreros no nos tiraban vara ni piedra ni flecha; y cuando Cortés lo entendió, mandó que no se les hiciese mal ninguno, y por señas se les dió á entender que bajasen cinco principales á entender en las paces; los cuales bajaron, y con grande acato dijeron á Cortés que les perdonase, que por favorecerse y defenderse se habian subido en aquellas fuerzas; y Cortés les dijo con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar, algo enojado, que eran dignos de muerte por haber empezado la guerra; mas que pues han venido, que vayan luego al otro peñol é llamen los caciques é hombres principales que en él están, é traigan los muertos, é que lo pasado se les perdonará; y que vengan de paz, si no, que habiamos de ir sobre ellos y ponelles cerco hasta que se mueran de sed; porque bien sabiamos que no tenian agua, porque en toda aquella tierra no la hay sino
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CAPÍTULO CXLIV.
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