que, como he dicho, cada noche y en las mañanas iban á buscar por las lagunas sus canoas y las trastornaban con los bergantines, y prendian muchas dellas, acordaron de armar treinta piraguas, que son canoas muy grandes, con muy buenos remeros y guerreros, y de noche se metieron todas treinta entre unos carrizales en parte que los bergantines no las pudieran ver, y cubiertas de ramas echaban de antenoche dos ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó metian agua, y con buenos remeros, y en parte que les parecia á los mejicanos que los bergantines habian de correr cuando con ellos peleasen, habian hincado muchos maderos gruesos, hechos estacadas, para que en ellos zabordasen; pues como iban las canoas por la laguna mostrando señal de temerosas, arrimadas algo á los carrizales, salen dos de nuestros bergantines tras ellas, y las dos canoas hacen que se van retrayendo á tierra á la parte que estaban las treinta piraguas en celada, y los bergantines siguiéndolas, é ya que llegaban á la celada salen todas las piraguas juntas y dan tras nuestros bergantines, é de presto hirieron á todos los soldados é remeros y capitanes, y no podian ir á una parte ni á otra, por las estacadas
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CAPÍTULO CLI.
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